Sabés, todo está tan en el aire. Cualquier cosa que
te dijera sería como un pedazo del dibujo de la alfombra. Falta el coagulante,
por llamarlo de alguna manera: zás, todo se ordena en su justo sitio y te nace
un precioso cristal con todas sus facetas. Lo malo —dijo Oliveira mirándose las
uñas— es que a lo mejor ya se coaguló y no me di cuenta, me quedé atrás(...).
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